viernes, 18 de abril de 2014

Oración para que se alejen las personas que te envidian y se abran tus Caminos



 
En el nombre del Padre,
del Hijo y del Espíritu Santo,
te pido oh! Dios mío todo poderoso,
que ya que cuentas con la fuerza inconfundible
del dominio del universo
y el poder de los poderes para contrarrestar
toda irradiación de malos influjos
proveniente de las almas atrasadas
con mentalidad llena de perversión y prostituidas
por la tentación del mal y la perdición,
me concedas el privilegio
de recurrir a tus santas y positivas protecciones
solicitando tu ayuda para que a nombre
de ese sacrosanto y justo proceder tuyo,
hagas arrepentirse

a ........................

por el daño que en estos momentos
me está haciendo con la envidia
que siente hacia mi persona,
la cual está obstruyendo la felicidad de mi vida,
la paz y la tranquilidad de mi hogar
y el progreso a que tengo derecho
como ser humano que a nadie ha hecho daño
y que considero a los demás
como mis hermanos en la tierra.

Igualmente, y con la humildad de mi persona,
 te suplico, aleja de la mente
de los que me rodean y me acechan,
todo pensamiento volcado en malas intenciones
para conmigo y mi familia.

Y por último Padre Celestial te pido,
que a nombre de la virgen María,
madre abnegada de Jesús,
y las Once mil Vírgenes
que moran en el Reino de los Cielos
y velan nuestras noches,
limpies mi camino de todo peligro,
y me concedas el favor que aquí te imploro
y que por la envidia de mis enemigos gratuitos,
no había podido conseguir.

Amén



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Oración al Sagrado corazón de Jesús para los deprimidos que atraviesan graves Problemas



Querido Señor, Tú invitas

a todos los que están agobiados a acercarse a ti.



Permite que tu mano sanadora me alivie.



No me abandones ahora,

en estos duros momentos,

que agobiado por problemas y preocupaciones,

para los que no encuentro solución,

me encuentro cansado y deprimido,

con miedo por el futuro difícil e incierto

que me causan estas dificultades.

Llena mi alma de compasión por los demás.



Llena mi Corazón de valor, de coraje,

 de fuerza y valentía para luchar

e infinito amor por los demás.



Llena mi mente con tu sabiduría,

 aclárame y abre mis caminos,

para salir del pozo sin fondo en que me encuentro,

que mis labios siempre proclamen tus alabanzas.



Enséñame a buscarte en mis necesidades

y ayúdame a conducir a los demás

hacia ti con mi ejemplo.



Amantísimo Corazón de Jesús,

llena de salud mi cuerpo y mi alma

para que yo te pueda servir con toda mi fuerza.



Bendice a este ser que tú has creado,

ahora y siempre.



Amen



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jueves, 17 de abril de 2014

Oración a Maria Magdalena para aliviar sufrimientos de Amor



            


Oh! piadosa enamorada del Salvador,
espejo brillante y vivo ejemplo
de verdadera conversión
y sincero arrepentimiento;
regla y modelo de la vida contemplativa,
que durante treinta y tres años
vivisteis en la soledad,
 ignorada del mundo
y escondida a sus miradas,
gustando los movimientos interiores
y suaves afectos del amor divino.

Gran Santa que sólo en Jesús
encontrabas tu amor,
tu paz y tu consuelo,
que merecisteis anunciar a los Apóstoles
la Resurrección de nuestro Redentor,
alcanzadme que merezca una centella
de aquel amor ardiente que tuviste a Jesús
y la gracia de morir invocando
los dulcísimos nombres
de Jesús y de María.

Amén

Si estas en aflicción, sufrimiento, dolor, en mala situación, y estás llorando, coge tus lágrimas y se las untas a una vela blanca en forma de espiral, las comúnmente utilizadas para los candelabros y se la enciendes a María Magdalena y al Sagrado Corazón de Jesús y rezas esta oración, 3 Padre nuestro, 3 Ave María y 3 credos y pide con fe, abre tu corazón y verás la respuesta.



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Oración para el Viernes Santo


 
Por la mañana 

Jesucristo se ha perdido;

La Virgen le va a buscar.

De huerto en huerto;

De rosal en rosal.

 

Debajo de un rosal blanco

Un hortelano está.

Hortelanito dime la pura verdad!

Si a Jesús, El Nazareno,

Por aquí viste pasar?

 

Sí, Señora que le he visto,

Antes del gallo cantar!

Una cruz lleva en sus hombros,

Que le hace arrodillar.

Una corona de espinas,

Sus sienes traspasar.

Una soga atada a la garganta,

Que de ella tirando va.

 

Entre judíos y judías,

Bien acompañado va.

Caminemos Virgen Pura

Por el Monte del Calvario.

 

Que por presto que lleguemos,

Ya le habrán crucificado,

Ya le atraviesan sus pies,

Ya le clavan sus manos.

 

Ya le tiran la lanzada en su divino costado!

La sangre que derramara está en el Cáliz Sagrado.

El hombre que la bebiera,

Será bien aventurado;

Será Rey en este mundo,

Y en el otro coronado;

Será feliz mientras viva

Y de toda mala infestación guardado.

 

El que esta oración dijera todos los viernes del Año,

Sacará un alma de pena y la suya de el pecado,

Quien la sabe y no la reza

Quien la oye y no la aprende,

El día de el juicio sabrá

Lo que esta oración contiene.
 

ORACIÓN

 
Viernes santo era en aquel día

En que estaba la Virgen María

Con su libro de oro en las manos

La mitad rezaba y la mitad ofrecía.

 

Cuando llegó su hijo precioso y le dijo

Que hacéis madre María?

Duermes o velas?

 

No duermo ni velo

Si no que antenoche tuve un sueño:

En el monte Calvario

Estaban 3 cruces

Y en la más alta te vi crucificado,

Es cierto esto hijo precioso ?

 

Cierto es madre María

Viernes era viernes,

Viernes era, por cierto,

Cuando Jesús cargo

Con una cruz acuestas

Y una soga al cuello

Que un judío le estiraba

Y a cada estirón que le daba

Jesucristo se arrodillaba.

 

Las 3 Marías le lloraban,

Una era la Virgen pura,

Otra era la Magdalena

Y otra era Martha su hermana,

La que más dolor pasaba.

 

La inocencia de la Verdad contrasta

Con el escarnio recibido.

Es el día de la osadía,

del arranque y del vértigo.

 

El día de la verdad:

el momento de la entrega

se está produciendo en totalidad.

Cristo sale de sí mismo por completo.

Ahí está la Verdad desnuda, crucificada.

Regando amor, pero en forma de sangre

que se le escapa de sí mismo.

Es el sacrificio de su vida,

misterio del mayor amor.

 

Jesús se atardece...,

Jesús inclina la cabeza y muere.

 

Compasión, Tú, para nuestras vidas rotas.

Siervo, Tú, que entiendes el oficio,

Toda la belleza que hay en la vida,

Tú la ofreces al Padre desde la desnudez

y la fealdad de tu cuerpo destrozado

Y lo haces así porque estás convencido

de que tu mensaje de amor y justicia es posible

y que el proyecto de Dios sobre el mundo llegará.

 

Sucede como siempre:

mucha gente que habla, que grita,

que murmura; mucha gente que se esconde,

que nunca da la cara.

Voces en contra, pero ¿qué hablamos?,

¿qué gritamos?, ¿por qué nos escondemos?

Si recogiéramos todas las palabras

que hemos pronunciado en la vida,

¿se salvaría alguna? Y de los gritos ¿qué queda?

 

En cuánta inutilidad nos empleamos,

cuánto tiempo vivido sólo al nivel de los instintos.

Mientras tanto, los que sufren se han quedado sin voz,

 sin justicia, sin pan, sin defensor.

Dios, como el menor de los humanos,

muere en cruz fuera de la ciudad

para no contaminarla.

 

A las tres de la tarde

 

JESUS MUERE EN LA CRUZ

 

Brazos rígidos y yertos,

por dos garfios traspasados,

que aquí estáis, por mis pecados,

para recibirme abiertos,

para esperarme clavados.

 

Cuerpo llagado de amores,

yo te adoro y yo te sigo;

yo, Señor de los señores,

quiero partir tus dolores

subiendo a la cruz contigo.

 

Quiero en la vida seguirte

y por sus caminos irte

alabando y bendiciendo,

y bendecirte sufriendo

y muriendo bendecirte.

 

Que no ame la poquedad

de cosas que van y vienen;

que adore la austeridad

de estos sentires que tienen

sabores de eternidad;

 

Que sienta una dulce herida

de ansia de amor desmedida;

que ame tu ciencia y tu luz;

que vaya, en fin, por la vida

como tú estás en la cruz;

 

De sangre los pies cubiertos,

llagadas de amor las manos,

los ojos al mundo muertos

y los dos brazos abiertos

para todos mis hermanos.
 

Amén.


Cristo por nosotros

se sometió incluso a la muerte,

 y una muerte de cruz.

 

Diste tu vida por los hermanos:

enséñanos a amamos mutuamente

con un amor semejante al tuyo.

Soy como un inválido,

tengo mi cama entre los muertos,

como arrancado de tu mano.

 

Mirad y ved si hay dolor como el mío.

Así estás, mi Cristo,

como una oveja que ha perdido el camino,

como alguien que carga con crímenes que no son suyos, como un inválido golpeado.

Perseguido a muerte, empujan su vida al sepulcro.

 

¿Quiénes? ¿Entre ellos estoy yo?

Dios parece que se esconde y que le abandona.

Es la hora del desamparo.

Pero Cristo confía en su Padre

y a sus manos se encomienda

como un desposeído de los muchos

que pueblan la tierra.

 

Como el mayor de los esclavos,

reclina su cabeza en la miseria

 de una muerte ignominiosa.

Dios sostiene la fortaleza de su Hijo.

 

Dios prepara la victoria:

el odio ha clavado a Cristo en la cruz;

el amor debe aliviar su dolor.

 

Cristo paciente, que cargado con nuestros pecados

subiste al lefio, nos dejaste un ejemplo

para que sigamos tus huellas.

A pesar de cómo te trataron,

nunca proferías amenaza alguna.

 

 Capacítanos para imitarte;

que vivamos para la justicia y que, como Tú,

nos pongamos en manos del que juzga justamente:

en las manos de Dios, padre y madre sin medida.

 

Que podamos ofrecerte una vida sin mentira, sin fraude.

 

 Mantén, Señor, la unidad de la Iglesia,

protege a tu pueblo santo.

Congrega a los cristianos en la unidad.

Carga sobre tus hombros de Pastor

a quienes no creen en ti ni en tu Hijo Jesús;

ábreles los ojos y el corazón.

 

Guía los pensamientos y decisiones de los gobernantes

para que en el mundo haya paz.

Concede tu consuelo a los atribulados.

 

Por la noche


Este árbol de la cruz cuyo fruto humano eres Tú,

Cristo Jesús,

reparó el daño que el pecado causó en nosotros.

 

Cuando te vas, a esta hora de tu amarga muerte,

es el momento de decirte:

gracias por las Bienaventuranzas;

gracias por tu sangre derramada;

gracias por tu vida dada;

gracias por tu justicia,

gracias por tu paz,

tu amor inagotable hacia nosotros.

 

Es la hora de tu generosidad:

la de mostrarnos tu amor hasta el extremo;

 la hora de dar tu vida.

Es la hora del amor y de la generosidad,

porque sólo el amor salva.

Y con el amor la fraternidad, la justicia, la verdad

y el servicio se hacen efectivos.

El odio, nos lo dices desde la cruz aunque no hables,

el odio, la violencia, la injusticia llevan a la muerte.

Nos dices que si alguien quiere amar,

que lo haga como Tú nos amaste:

sin límites.

 

Que si alguien comprende lo que estás haciendo,

que no se encierre ya en sí mismo

sino que abra los brazos para estrechar al hermano.

 

El camino de la cruz ha llegado a su fin.

Todo queda terminado, consumado.

 Por eso, "reclinando la cabeza, entregó el Espíritu".

 
Ante este Cristo muerto quiero descubrir, vivir,

celebrar y experimentar que Dios es amor,

y que Él nos amó primero.


Ahora tengo razones para amar,

porque he sido testigo de que el amor existe,

de que el amor es verdad,

de que el amor es Dios que nos ha amado

sin excluir a nadie.

Me toca ahora amar a mí dándome,

haciéndome pequeño, perdonando,

poniendo la otra mejilla, que es lo contrario de pisar, humillar, herir, rechazar.

Porque ya está bien de despilfarrar vida,

de echar por tierra tanta capacidad

de ilusión y de bien.


Déjame que a tu lado ponga mi cruz, oh Cristo.

Deja que mi sangre se mezcle con la tuya.

Que nunca desde mi cruz blasfeme,

pensando que son estériles el dolor y la muerte

que me cosen a ella.

Que no malgaste mi dolor y mis horas.

Que descubra que tu muerte es mi vida



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